Falleció Ángel Francisco Parra
La estrella de la fusta venezolana, el zuliano Angel Francisco Parra, falleció a los 79 años, enlutando al hipismo venezolano.
Hay jinetes que ganan carreras y hay otros que terminan convirtiéndose en parte de la historia del hipismo. Ángel Francisco Parra Molero pertenece, sin discusión, al segundo grupo. Desde que comenzó a desafiar la velocidad sobre un purasangre, el zuliano fue construyendo una trayectoria marcada por la constancia, la clase y una extraordinaria capacidad para entender al caballo.
Nacido el 6 de diciembre de 1946 en El Saladillo, Maracaibo, Parra se inició muy joven en la profesión. Tenía apenas 14 años cuando debutó el 30 de diciembre de 1960 en el desaparecido Hipódromo La Limpia, conduciendo a la criolla Virtud. Su primera victoria llegaría meses después, el 8 de septiembre de 1961, con Talanquera. Era apenas el comienzo de una carrera que se extendería durante 45 años.
Su llegada a La Rinconada en 1965 significó el verdadero despegue. El 15 de mayo de aquel año consiguió su primer triunfo en el óvalo caraqueño con Calfucó, pero sería durante la década siguiente cuando su nombre comenzó a ocupar un lugar privilegiado entre las grandes figuras de la fusta venezolana. En 1970 obtuvo su primer clásico con Canelo (Cría Nacional) y, un año después, conquistó su primera estadística como líder de los jinetes.
A partir de entonces apareció el “Diablo”, sobrenombre ganado por su tenacidad, temperamento competitivo y esa manera particular de buscar la victoria hasta el último salto. Parra no necesitaba gestos exagerados para imponer respeto. Su estilo era elegante y efectivo: una conducción medida, aprovechando cada recurso del ejemplar y reservando para los metros decisivos la energía necesaria para definir la carrera.
Entre 1971 y 1976 consiguió cinco campeonatos de jinetes. En 1971 sumó 106 victorias; en 1972, 115; en 1974, 84; en 1975, 135, y en 1976, 111. Aquella temporada de 1975 quedó especialmente grabada en la memoria del turf venezolano, pues igualó el récord de 135 triunfos en una temporada que hasta entonces pertenecía a Balsamino Moreira. Ese mismo año emuló una hazaña de Gustavo Ávila al ganar ocho carreras durante una semana en La Rinconada.
Pero si existe una competencia que parece escrita para contar la grandeza de Ángel Parra, esa es el Clásico Internacional Simón Bolívar. El zuliano levantó cinco veces la copa: con Straightway en 1971, McKenna’s Gold en 1972, Vaticinio en 1973, Gran Tiro en 1975 y Arturo B. en 1977. El registro permanece como el máximo número de victorias de un jinete en la historia de la magna prueba. Además, consiguió la hazaña de ganar tres ediciones consecutivas, entre 1971 y 1973.
El primero de aquellos triunfos, con Straightway, tuvo dimensiones de leyenda. El argentino, entrenado por Manuel Azpúrua Sosa, derrotó por ocho cuerpos a sus principales rivales y estableció registro de 148 segundos para los 2.400 metros. Un año después, Parra volvió a escribir su nombre en el Bolívar con McKenna’s Gold, entrenado por Domingo Noguera Mora, y en 1973 repitió con Vaticinio.
Su sociedad con grandes ejemplares convirtió aquellas décadas en un desfile de campeones. McKenna’s Gold, Straightway, Vaticinio, Gran Tiro, Arturo B., Auroreño, Negresco, Velvet Cap, Piamen, Encantado, Altivo, Síndaco y Modena, entre muchos otros, encontraron en sus manos a un jinete capaz de interpretar sus características y convertirlas en victorias.
Parra también dejó huella fuera de La Rinconada. En la Serie Hípica del Caribe logró la victoria con Gran Tiro en la Copa Confraternidad de 1975, misma jornada en la que arribó tercero con Trampa en el Clásico del Caribe, su mejor figuración en el magno evento del hipismo caribeño junto al también tercer puesto logrado con Petronio en 1971.
El 7 de septiembre de 1980, Parra lleva a la victoria de la primera edición d la Copa de Oro de Venezuela (G1) a Negresco, en la carrera que muchos entendidos y aficionados consideran como la de mejor calidad de sus contendores, ya que también corrieron Sweet Candy, Gelinotte, Auroreño, Guadamil, Kacir, Eminente y Big River, solo comparabl con el Clásico Cría Nacional de 1988 ganado por Epic Barre.
En 1983 condujo a Tintoreto al triunfo en la primera carrera selectiva disputada en el Hipódromo Nacional de Valencia, imponiendo además un registro de 102 segundos para los 1.700 metros. Cinco años más tarde se convirtió en el primer jinete venezolano en superar las 1.500 victorias.
El capítulo de las 2.000 victorias llegó el 4 de noviembre de 2000. En La Rinconada, sobre el potro Fast Ball y bajo el entrenamiento de Miguel Contini, Parra cruzó nuevamente la meta en primer lugar y pasó a integrar el reducido grupo de jinetes venezolanos que habían alcanzado semejante cifra. Fue una victoria cargada de simbolismo: años antes, Giovanni Contini le había brindado la oportunidad de conquistar su triunfo número 1.000 con Bangkok, y ahora su hijo Miguel era el entrenador de la carrera que sellaba las dos mil.
Después de más de cuatro décadas entre caballos, triunfos, accidentes, derrotas y jornadas inolvidables, “El Diablo” disputó su última victoria el 29 de febrero de 2004 con Amor Salvaje. El 5 de julio de ese mismo año decidió colgar las botas, cerrando una trayectoria que dejó más de 2.000 triunfos y decenas de clásicos.
La historia, sin embargo, no terminó con su retiro. El nombre de Ángel Francisco Parra continúa presente en el calendario hípico venezolano. En 2024 el Instituto Nacional de Hipódromos incorporó una competencia en su honor, y en 2026 se disputó nuevamente el Clásico Ángel Francisco Parra en La Rinconada, una manera de mantener viva la memoria de uno de los grandes protagonistas de la historia de la fusta nacional.
Ángel Francisco Parra fue mucho más que un jinete ganador. Fue protagonista de una generación irrepetible, rival de grandes figuras como Gustavo Ávila y precursor de una estirpe de látigos zulianos que posteriormente tendría en Juan Vicente Tovar, Emisael Jaramillo y otros grandes nombres nuevos capítulos de gloria.
Su legado permanece en los récords, en las copas, en los caballos que condujo y, sobre todo, en la memoria de quienes alguna vez vieron al “Diablo” Parra agacharse sobre el cuello de un purasangre en los metros decisivos. Allí, cuando la carrera pedía talento, sangre fría y coraje, Ángel Francisco Parra acostumbraba a tener una respuesta.
Y por eso, varias décadas después de sus primeros pasos en La Limpia, su nombre continúa galopando entre los grandes de la historia del hipismo venezolano.
