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KA YING RISING deja atrás a SILENT WITNESS y mete récord de pista

El extraordinario Ka Ying Rising volvió a escribir una página dorada en la historia del turf asiático al imponerse con autoridad en el Queen’s Silver Jubilee Cup (G1), consolidando su reinado absoluto en la velocidad y alcanzando un hito pocas veces visto: su 18ª victoria consecutiva. Una cifra que trasciende estadísticas y deja atrás las 17 que lograra SILENT WITNESS, hasta mediados de 2005.

La atmósfera en Sha Tin era de expectativa total. Cada salida de Ka Ying Rising ya no es solo una competencia; es un acontecimiento. El público sabía que estaba ante un caballo diferente, uno que ha transformado la regularidad en arte y la excelencia en costumbre. Desde el momento en que se abrieron los partidores, el campeón dejó claro que la historia estaba a punto de ampliarse.

Con su característica aceleración progresiva, se colocó en posición ideal durante los primeros metros, galopando con solvencia y sin desperdiciar energía. El tren inicial fue exigente, pero nunca incómodo para el favorito. A mitad de recorrido, cuando sus rivales intentaron presionar, Ka Ying Rising respondió con esa potencia demoledora que lo ha convertido en referencia mundial.

En los metros decisivos desplegó su remate letal. Su cambio de ritmo fue inmediato, contundente, casi desafiante. En cuestión de segundos dejó atrás a sus perseguidores y comenzó a abrir ventaja con una facilidad que rozó lo espectacular. No hubo dramatismo en la sentencia final: hubo autoridad. Cruzó la meta con clara superioridad, deteniendo el cronómetro en tiempo récord para la distancia, estableciendo una nueva marca que refuerza su condición de fenómeno.

Dieciocho victorias consecutivas. Dieciocho tardes en las que nadie ha podido descifrar la fórmula para vencerlo. En un deporte donde la competencia es feroz y los márgenes son mínimos, sostener semejante racha habla de una combinación extraordinaria de talento, preparación y mentalidad competitiva. Ka Ying Rising no solo gana; domina.

El récord para la distancia añade un matiz histórico a la hazaña. No se trató simplemente de mantener la racha viva, sino de hacerlo elevando el estándar. Cada tranco final fue una declaración: el campeón no se conforma con ganar, necesita trascender.

Su equipo celebró con mesura, consciente de que están administrando una campaña que ya forma parte de la memoria colectiva del hipismo contemporáneo. El público, en cambio, se permitió el entusiasmo pleno. Porque cuando un caballo alcanza este nivel de excelencia, deja de pertenecer únicamente a sus propietarios y pasa a ser patrimonio del espectáculo.

Ka Ying Rising sigue invicto en esta etapa gloriosa, ampliando una secuencia que ya es referencia obligada cuando se habla de consistencia y grandeza. El Queen’s Silver Jubilee Cup (G1) no fue solo otra victoria en su palmarés; fue la confirmación de que estamos ante uno de esos ejemplares que definen una era.

Y mientras el eco de los aplausos aún resonaba en Sha Tin, una sensación recorría las tribunas: la historia continúa, y Ka Ying Rising todavía no ha dicho su última palabra.